Caldaloba
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Verbas de Álvaro Cunqueiro sobre Cal da Loba

Álvaro Cunqueiro, verbas sobre Cal da Loba

Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 22 de decembro de 1911- Vigo, 28 de febreiro de 1981); novelista, poeta, dramaturgo, periodista (diarios “ABC” e “Faro de Vigo”), gran coñecedor da gastronomía española e mestre da narrativa fantástica.

“El pasajero en Galicia”

No libro “El pasajero en Galicia” o escritor Álvaro Cunqueiro escibiu unha serie de artigos para o diario “Faro de Vigo”, no que vila a vila, cidade a cidade, fixo unha crónica turística e sentimental do seu país natal. Con data 23 de xuño de 1953, creou o artigo “Cal da Loba “. Cal da Loba Faro de Vigo, 23 de junio de 1953.
Actualizado: outubro 2021
«Desque los lavéi, de ouro los tiéi, meu amigo!»: oro, en verdad, para liar los cabellos, las doncellas de la torre de Cal da Loba , si las hubo en aquel alto muro, lo tenían en el jardín del monte, en restetras y tojales: oro vivo y en flor. Yo digo que las hubo, y es tan tiernamente azul la luz de esta mañana, que no parece sino que miramos el mundo a través del celeste transparente de los ojos de ellas. El áspero muñón de piedra hiere, como una oscura espada, el claro horizonte chatrego. Si yo hubiera de construir algo en aquella colina, sólo se me ocurriría construir un palomar, pero hubo violentos barones que allí, donde la loba tenía el cubil, levantaron el aparato militar de un castillo roquero. ¿Cuál frontera era ésta? ¿Qué batalla? ¿Qué se hizo desde aquí, con carne humana y con miedo? Y quizás en una mañana como ésta, de tan fina y dulce piel, profunda como un regazo. Las piedras conservan el natural violento, shakesperiano, de quienes aquí construyeron, y conservan también el miedo. Pero de los barones violentos y los condes locos, vasos de la soberbia, nacieron las amorosas princesas de antaño. De ellas es la luz de la mañana, el fresco chorro de la fuente, esa paloma que vuela y la brisa que menea los manzanos. Quizás el violento, como Dionisio Siracusano, por no confiar su cuello al barbero, haya enseñado a sus hijas a afeitar. «Así las doncellas reales», asegura Marco Julio, «con un traje sucio y de criadas, cortaban la barba y el cabello de su padre, y con todo a estas mismas, cuando fueron mayores les retiró la navaja, y resolvió que le quemasen la barba con cáscaras de nueces ardiendo». Con nueces de estos nogales del camino, de tan redonda y quieta sombra… Pero ya no quedan condes ni princesas, frágiles lámparas, en Cal da Loba. Sólo queda la desnuda y derrotada torre, y un alerta de grajos agoreros. ¡Y qué hermoso era este camino para madrugar las lanzas, o para venir a cantar amores al pie del foso! Hay caminos que parece que los abrió un ángel que pasó diciendo: «Voy a tender sobre la desnuda tierra la sombra de terciopelo de mis alas».
Colorean, en el camino, unas cerezas blancales. Y toda la mirlería se ha dado cita aquí, en el cerezo, y todas las flautas del mundo alborotan la mañana. Los mirlos de hogaño no aprenden canciones de amor, y, si las aprenden, las olvidan. Un hada, en Romans de Pro venza, enseñó una vez a una doncella el lenguaje del mirlo: siete palabras solamente, y las siete hermosas y perfectas como la rosa, para que pudiera traducir, la enamorada, un mensaje de amor que el mirlo le traía de un doncel de Valence o de Baucaire, donde el amor acababa de inventarse, y era más cálido licor que el rojo vino. Siete palabras solamente para decir el amor: ¡quién las supiera, las siete, en la breve prisión de un solo verso! ¿Y si de tanto decir, nada decían, musicales notas nada más, un grito y un suspiro? Con la lengua recadera del mirlo podía pasar también lo que de aquel geógrafo que aprendió una lengua africana, y pues la sabía, a los negros se fue; la lengua tal sólo tenía una palabra: nakarna, con la cual todo se expresaba, según el tono y la inflexión; pero los negros habían abandonado la tal lengua, por monótona, y ya sólo servía para que se entendieran los exploradores… Tanto alborota el mirlo la mañana, que ha debido olvidar su nakarna; quizás tan dulce y monótona lengua sirva no más que para enamorados… Las cerezas son blancales, y pues no ha hecho sol, aunque pintadas de vivo rojo, esconden amargor, y dan dentera. Doy dos o tres vueltas alrededor de la torre derruida. Aquí hizo armas la fusquenlla, la loca Hermandad, y las piedras que fueron almena pasaron de la amistad con el viento al amor de la tierra. Todo el horizonte chatrego es un verde tapiz, y la brisa de la mañana lo mece. Villalba levanta su torre a lo lejos, y como dos ballestas fatales debían contemplarse, una a otra, estas dos torres roqueras, que no qué frontera guardaban, como no sea la de la gleba y el terrón, las humildes y pacientes cargas de pan… Ha relinchado un caballo que pacía con la piega en la mano diestra, y he mirado, sorprendido, creyendo que el antiguo feudal de Cal da Loba —Montenegro, Miranda, Saavedra, Pardo…—, lanza en ristre, subía a la torre por el curvo pecho de la colina: todo el monte es un jardín de flores de oro, y más que toparme con el feudal relinchando, me gustaría ver salir las princesas de antaño, con las garceras al viento, a liarlas de oro o con el estribillo enamorado de una cantiga: «de ouro las liara, meu amigo!».
No libro “Cunqueiro en la radio, cada día tiene su historia y otras series”, a fundación Pedro Barrie de la Maza editou un conxunto inédito das intervencións radiofónicas que fixo o escritor. Na sesión radiofónica recollida do 14 de decembro de 1979, redacta a historia da decapitación do Mariscal Pardo de Cela (17 de decembro de 1483) e de cando a súa filla doña Constanza traía de Valladolid o indulto para seu pai concedido polos Reis Católicos;

Cunqueiro en la radio “cada día tiene sus historias y otras series”

“[…] Lo traía desde Valladolid -el indulto-, al parecer, una hija suya, llamada doña Constanza. Bajaba en rápida yegua por la calzada de Lindín, que fue vía romana. Y al llegar al puente que dicen de Ruzos, la esperaba allí gente de iglesia, las cuales le dieron conversación, la tranquilizaron, le dijeron que no había prisa, que la ejecución de su padre estaba aplazada. Ella bajó de su yegua, para que la cansada bestia bebiese en el río, y estando en este descando, se oyó tocar a agonía en la fría tarde invernal. Doña Constanza había sido engañada. El indulto ya era ínútil, que su padre ya había sido decapitado. Desde entonces las gentes le llaman a aquel puente, a Ponte do Pasatempo, por el tiempo que le hicieron pasar, con engaños, a doña Constanza… Doña Constanza, que era dura de pelar, y que años más tarde se levantará en una torre de la Terrachá, de la que solo queda un oscuro muñón que ve a diestra mano el viajero que va desde Lugo a Villalba. Se llama la tal torre Cal da Loba Si uno escribiese como Sir Walter Scott, diría que lo de Loba viene por la ira y los dientes hostiles de doña Constanza. Pero no, no es así, ya que se llamaba Cal da Loba cuando fue construida. Habría una loba famosa que tendría allí su guarida. […]”.
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Álvaro Cunqueiro, verbas sobre

Cal da Loba

Verbas de Álvaro Cunqueiro sobre Cal da Loba
Actualizado: outubro 2021
Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 22 de decembro de 1911- Vigo, 28 de febreiro de 1981); novelista, poeta, dramaturgo, periodista (diarios “ABC” e “Faro de Vigo”), gran coñecedor da gastronomía española e mestre da narrativa fantástica.

“El pasajero en Galicia”

No libro “El pasajero en Galicia” o escritor Álvaro Cunqueiro escibiu unha serie de artigos para o diario “Faro de Vigo”, no que vila a vila, cidade a cidade, fixo unha crónica turística e sentimental do seu país natal. Con data 23 de xuño de 1953, creou o artigo “Cal da Loba “.
Cal da Loba Faro de Vigo, 23 de junio de 1953.
«Desque los lavéi, de ouro los tiéi, meu amigo!»: oro, en verdad, para liar los cabellos, las doncellas de la torre de Cal da Loba , si las hubo en aquel alto muro, lo tenían en el jardín del monte, en restetras y tojales: oro vivo y en flor. Yo digo que las hubo, y es tan tiernamente azul la luz de esta mañana, que no parece sino que miramos el mundo a través del celeste transparente de los ojos de ellas. El áspero muñón de piedra hiere, como una oscura espada, el claro horizonte chatrego. Si yo hubiera de construir algo en aquella colina, sólo se me ocurriría construir un palomar, pero hubo violentos barones que allí, donde la loba tenía el cubil, levantaron el aparato militar de un castillo roquero. ¿Cuál frontera era ésta? ¿Qué batalla? ¿Qué se hizo desde aquí, con carne humana y con miedo? Y quizás en una mañana como ésta, de tan fina y dulce piel, profunda como un regazo. Las piedras conservan el natural violento, shakesperiano, de quienes aquí construyeron, y conservan también el miedo. Pero de los barones violentos y los condes locos, vasos de la soberbia, nacieron las amorosas princesas de antaño. De ellas es la luz de la mañana, el fresco chorro de la fuente, esa paloma que vuela y la brisa que menea los manzanos. Quizás el violento, como Dionisio Siracusano, por no confiar su cuello al barbero, haya enseñado a sus hijas a afeitar. «Así las doncellas reales», asegura Marco Julio, «con un traje sucio y de criadas, cortaban la barba y el cabello de su padre, y con todo a estas mismas, cuando fueron mayores les retiró la navaja, y resolvió que le quemasen la barba con cáscaras de nueces ardiendo». Con nueces de estos nogales del camino, de tan redonda y quieta sombra… Pero ya no quedan condes ni princesas, frágiles lámparas, en Cal da Loba. Sólo queda la desnuda y derrotada torre, y un alerta de grajos agoreros. ¡Y qué hermoso era este camino para madrugar las lanzas, o para venir a cantar amores al pie del foso! Hay caminos que parece que los abrió un ángel que pasó diciendo: «Voy a tender sobre la desnuda tierra la sombra de terciopelo de mis alas». Colorean, en el camino, unas cerezas blancales. Y toda la mirlería se ha dado cita aquí, en el cerezo, y todas las flautas del mundo alborotan la mañana. Los mirlos de hogaño no aprenden canciones de amor, y, si las aprenden, las olvidan. Un hada, en Romans de Pro venza, enseñó una vez a una doncella el lenguaje del mirlo: siete palabras solamente, y las siete hermosas y perfectas como la rosa, para que pudiera traducir, la enamorada, un mensaje de amor que el mirlo le traía de un doncel de Valence o de Baucaire, donde el amor acababa de inventarse, y era más cálido licor que el rojo vino. Siete palabras solamente para decir el amor: ¡quién las supiera, las siete, en la breve prisión de un solo verso! ¿Y si de tanto decir, nada decían, musicales notas nada más, un grito y un suspiro? Con la lengua recadera del mirlo podía pasar también lo que de aquel geógrafo que aprendió una lengua africana, y pues la sabía, a los negros se fue; la lengua tal sólo tenía una palabra: nakarna, con la cual todo se expresaba, según el tono y la inflexión; pero los negros habían abandonado la tal lengua, por monótona, y ya sólo servía para que se entendieran los exploradores… Tanto alborota el mirlo la mañana, que ha debido olvidar su nakarna; quizás tan dulce y monótona lengua sirva no más que para enamorados… Las cerezas son blancales, y pues no ha hecho sol, aunque pintadas de vivo rojo, esconden amargor, y dan dentera. Doy dos o tres vueltas alrededor de la torre derruida. Aquí hizo armas la fusquenlla, la loca Hermandad, y las piedras que fueron almena pasaron de la amistad con el viento al amor de la tierra. Todo el horizonte chatrego es un verde tapiz, y la brisa de la mañana lo mece. Villalba levanta su torre a lo lejos, y como dos ballestas fatales debían contemplarse, una a otra, estas dos torres roqueras, que no qué frontera guardaban, como no sea la de la gleba y el terrón, las humildes y pacientes cargas de pan… Ha relinchado un caballo que pacía con la piega en la mano diestra, y he mirado, sorprendido, creyendo que el antiguo feudal de Cal da Loba —Montenegro, Miranda, Saavedra, Pardo…—, lanza en ristre, subía a la torre por el curvo pecho de la colina: todo el monte es un jardín de flores de oro, y más que toparme con el feudal relinchando, me gustaría ver salir las princesas de antaño, con las garceras al viento, a liarlas de oro o con el estribillo enamorado de una cantiga: «de ouro las liara, meu amigo!».

Cunqueiro en la radio “cada día tiene sus

historias y otras series”

No libro “Cunqueiro en la radio, cada día tiene su historia y otras series”, a fundación Pedro Barrie de la Maza editou un conxunto inédito das intervencións radiofónicas que fixo o escritor. Na sesión radiofónica recollida do 14 de decembro de 1979, redacta a historia da decapitación do Mariscal Pardo de Cela (17 de decembro de 1483) e de cando a súa filla doña Constanza traía de Valladolid o indulto para seu pai concedido polos Reis Católicos;
“[…] Lo traía desde Valladolid -el indulto-, al parecer, una hija suya, llamada doña Constanza. Bajaba en rápida yegua por la calzada de Lindín, que fue vía romana. Y al llegar al puente que dicen de Ruzos, la esperaba allí gente de iglesia, las cuales le dieron conversación, la tranquilizaron, le dijeron que no había prisa, que la ejecución de su padre estaba aplazada. Ella bajó de su yegua, para que la cansada bestia bebiese en el río, y estando en este descando, se oyó tocar a agonía en la fría tarde invernal. Doña Constanza había sido engañada. El indulto ya era ínútil, que su padre ya había sido decapitado. Desde entonces las gentes le llaman a aquel puente, a Ponte do Pasatempo, por el tiempo que le hicieron pasar, con engaños, a doña Constanza… Doña Constanza, que era dura de pelar, y que años más tarde se levantará en una torre de la Terrachá, de la que solo queda un oscuro muñón que ve a diestra mano el viajero que va desde Lugo a Villalba. Se llama la tal torre Cal da Loba Si uno escribiese como Sir Walter Scott, diría que lo de Loba viene por la ira y los dientes hostiles de doña Constanza. Pero no, no es así, ya que se llamaba Cal da Loba cuando fue construida. Habría una loba famosa que tendría allí su guarida. […]”.